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Del dato a la intervención: por qué FOESSA importa a las trabajadoras sociales

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¿Cómo llegaste a Cáritas y qué te hace seguir ahí incluso en los días cuesta arriba?

Soy trabajadora social por vocación, siempre me he sentido llamada a aportar a los demás. He hecho voluntariado en múltiples ámbitos: juventud, migraciones, cooperación al desarrollo, mayores, penitenciarias… Eso me hizo comenzar en Cáritas, hace más de 20 años atrás, desde la base en programas de Animación Comunitaria, Personas en situación de sin hogar, Juventud, Migraciones y Cooperación al Desarrollo. Antes de ejercer el cargo de secretaria general, fui coordinadora general de Acción Social, entre 2012 y 2015. He asumido la gran responsabilidad de la secretaría general porque creo en lo que hacemos desde Cáritas, creo en un modelo de acción social que pone en el centro a las personas, que aspira a la promoción humana y a la justicia social y creo que eso es lo que me hace continuar cada día.

Si tuvieras que explicar a una trabajadora social con la agenda a reventar por qué el Informe FOESSA es importante… ¿Qué le dirías?

El informe FOESSA es importante porque hace un análisis de la realidad social integral que se apoya en una muestra representativa de más de 600 hogares de todas las islas del archipiélago, entrevistados en profundidad.

Es clave para comprender e interpretar la realidad de vulnerabilidad y exclusión social en la que los y las Trabajadoras Sociales desarrollamos nuestra labor profesional teniendo una mirada amplia de la situación de las personas que acompañamos más allá de los servicios en los que estamos ejerciendo nuestra profesión.

La metodología que integra este informe permite ir más allá de los ingresos y conocer las condiciones reales de vida, las dificultades cotidianas y los vínculos sociales. En este sentido, las cuestiones que se abordan abarcan dimensiones económicas relacionadas con el consumo y el empleo, dimensiones políticas que van desde la propia participación política hasta el acceso a derechos sociales como la educación, la vivienda y la salud y otras dimensiones sociales-relacionales que abarcan el conflicto social y el aislamiento social.

Más allá de abordar la pobreza material se centra en la exclusión social. La exclusión aparece cuando se acumulan dificultades en distintos ámbitos y se debilitan los mecanismos que permiten participar con normalidad en la vida social.

Del FOESSA sobre Canarias, ¿qué dato, tendencia o diagnóstico te parece más urgente que entendamos (y por qué)?

El informe determina que una parte importante de la población en Canarias vive en situación de exclusión social y que el crecimiento económico no se ha traducido en cohesión social. En este sentido, es el sistema el que está fallando y no las personas.

La vivienda se ha convertido en un factor de expulsión de la vida digna y de la estabilidad cotidiana, mientras que el empleo ha ido perdiendo capacidad para compensar esa expulsión y garantizar por sí solo la integración social. Hay esfuerzo, hay voluntad y hay estrategias para salir adelante, sin embargo, las personas se encuentran con dispositivos fragmentados, recursos insuficientes y respuestas poco adaptadas a sus trayectorias reales.

Me parece que es urgente entender esto porque si seguimos confiando en la lógica de la meritocracia y del esfuerzo personal sin considerar las desigualdades estructurales de fondo, seguiremos alimentando la desafección democrática y dejando a muchas personas solas frente a dificultades que no han elegido.

¿Qué cambia en la intervención social cuando usamos FOESSA como brújula? Y si pudieras pedir una mejora concreta a instituciones/administraciones a partir del informe, ¿Cuál sería?

Nos permite ser conscientes de que la exclusión social no es el resultado de decisiones individuales equivocadas, sino de un contexto que dificulta la integración incluso cuando las personas hacen todo lo que está en su mano. Y que para que se den cambios, es necesario un cambio de paradigma en el que nos reconozcamos como interdependientes, porque nadie sostiene una vida digna en soledad.

No hay bienestar posible sin una casa común habitable. Medir el progreso solo por el consumo individual ya no sirve: lo que importa es nuestra capacidad colectiva para cuidar, sostener vínculos y garantizar vidas dignas y sostenibles.

En el contexto actual, si tuviera que dirigirme a las instituciones/administraciones públicas que deben ejercer la responsabilidad de acceso a derechos les pediría centrarse en unas políticas transversales (empleo, vivienda, salud, educación y política social que actualmente están funcionando como consejerías independientes) a favor de la sociedad en general y, en especial, a las personas en situación de pobreza severa que en estos momentos en Canarias no pueden utilizar los mecanismos que la administración pública está poniendo para acceder a esos derechos (brecha digital, falta de mecanismos que permitan el empadronamiento a estos colectivos, entre otros.)

Para que esto sea posible el primer paso es que en el ámbito de vivienda, salud y empleo se desarrollen estrategias conjuntas que permitan salir de un sistema de funcionamiento que genera pobreza estructural. Una mejora económica en Canarias debe traducirse en un sistema público del bien común que genere posibilidades de integración y cohesión social.